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Bibliotecaria, Docente de Nivel Inicial con especializaciòn en Literaratura Infantil y Catequista. http://ar.groups.yahoo.com/group/Carrera_de_Bibliotecologia/

Cynthia Palacios
LA NACION
Nadie duda de los beneficios de la lectura en los chicos. Pero una investigación comprobó las ventajas de leer en voz alta: esta práctica incrementó la participación de los alumnos, mejoró su capacidad de concentración, la disciplina y la expresión oral y escrita.
El estudio "Villegas en Palabras" sobre lectura en voz alta, elaborado por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación junto con el municipio de General Villegas, indagó los beneficios de esta experiencia a partir de más de 10.115 lecturas compartidas por docentes y alumnos en clase, lo que representa un promedio de 85 lecturas por día.
La investigación se realizó en las 92 escuelas del distrito -6828 alumnos de nivel inicial, primario y secundario, y 977 docentes- en tres ejes fundamentales: prácticas de lectura en voz alta en el marco de las clases, capacitación docente y encuentro con escritores.
El 75,6 por ciento de los docentes que participaron de la investigación dijo que las acciones de promoción de la lectura, y en particular, la práctica de la lectura en voz alta se tradujo en un incremento de la participación de los alumnos durante las clases, promovió el acercamiento de los chicos a la biblioteca y mejoró el desempeño en aquellos alumnos con problemas de concentración y disciplina.
El 90 por ciento de los maestros dijo que la lectura, y los espacios compartidos de esta práctica, colaboraron con la atención de los alumnos durante la clase. El informe explicita que en el 59% "ayudó mucho" a mejorar la atención, y que también hizo más efectivo el aprendizaje general en el 43% de los casos.
"Queríamos transmitirles que con la lectura uno puede armarse otro mundo, ser escuchado, animarse", contó a LA NACION Griselda Galli, coordinadora, junto con Miriam Santiago, del Estudio Villegas. El estudio se realizó desde mayo y el cierre fue esta semana.
En la presentación del estudio, el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, recordó que "para muchos chicos argentinos, la escuela es el único lugar donde existe la posibilidad de ser alentados en la lectura", y destacó el valor "decisivo" de las instituciones educativas.
La directora del Plan Nacional de Lectura, Margarita Eggers Lan, explicó: "En General Villegas nos pidieron que tomemos a esa localidad como testigo. Es interesante, porque nos brinda un panorama completo ya que tiene escuelas rurales y urbanas de todos los niveles educativos. El objetivo es reinstalar en todo el país la práctica de la lectura en voz alta dentro como ejercicio para alumnos y docentes, y generar nuevos lectores".
Todos los días se leía en el aula unos 15 o 20 minutos. El 28% de los maestros caracterizaron con la palabra "aceptación" la respuesta de los alumnos frente a esta experiencia, mientras que el 19% habló de "gran entusiasmo". Las ganas de leer en voz alta, la motivación para leer otros textos, el interés por conocer obras de los autores siguen entre las respuestas dadas por los docentes.
Al mismo tiempo, el 19% de los maestros consideró que las clases se volvieron más participativas y el 18% de los docentes reconoció haber ampliado sus conocimientos sobre textos y autores. También destacaron que los chicos se acercaron más a la biblioteca (17%), que mejoraron su expresión oral y escrita (14%), que los alumnos con problemas de concentración mejoraron su desempeño (12%) y los que tenían problemas de disciplina se vincularon mejor (11%), además de que los padres se involucraron más (3%).
Según detalló Galli, mientras en el nivel inicial leían los docentes, padres y abuelos, en primaria eran los maestros y los chicos que se animaban quienes leían en voz alta: "En secundaria, que fue donde más costó, al principio leían los profesores de práctica del lenguaje y humanística, dos o tres meses después leyeron los de matemática y física".
El programa incluía también encuentros con autores que leían sus propias obras. "Fue muy emocionante ver a los adolescentes y a los chicos ir a la biblioteca a buscar más libros. Y hasta tuvimos un chico de 17 años que repartió sus obras a los autores para que las juzguen, porque él quiere ser escritor", comentó Galli.
Este fue el primero de los tres años del programa. Que la experiencia sea sistemática y extendida en el tiempo les permitirá estudiar las reacciones de los chicos. En un primer balance están más que satisfechos. "Los ayudó mucho a expresarse, tenían pocas palabras y mejoró su expresión, estaban contentos de leer para otros chicos", dijo Galli.

Bienvenido a Cuenta Cuentos, una propuesta especial creada para compartir con niños, adolescentes y adultos el amor por la lectura.
Aprovechando el significado de esta época del año, se nos ocurrió que era el momento justo para encontrar voluntarios con ganas de compartir un buen libro en escuelas, hogares de ancianos, jardines de infantes, hogares de madres solteras, y tantos otros espacios donde hay alguien esperando que lo acerquen al apasionante mundo de la lectura.
Nuestra misión es que el próximo sábado 19 de diciembre, en toda Latinoamérica y España, se multipliquen los espacios de lectura. Para eso, estamos buscando voluntarios y coordinadores, que tengan ganas de participar del programa.


Buenos Aires. A partir del 5 de diciembre investigadores del país y del mundo podrán consultar la Biblioteca Arata, valiosa colección de libros, manuscritos y fotografías que ha estado cerrada al público por muchos años y que perteneció a Pedro Narciso Arata, un bibliófilo de la generación del 80. Gran parte de su colección de libros se encuentra en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. La apertura de esta colección es posible gracias al proyecto de puesta en valor que lleva a cabo la Biblioteca Central de la Facultad con el apoyo del Programa para Bibliotecas y Archivos Latinoamericanos que administra el David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University, a través de un fondo de la Andrew W. Mellon Foundation.
En el año 1946 la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA recibió en donación una parte importante de la colección de 32.000 volúmenes que perteneció al Dr. Pedro Narciso Arata (1849-1922), quien fue el organizador y primer rector del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria del Ministerio Nacional de Agricultura (hoy Facultad de Agronomía y Facultad de Veterinaria de la UBA). Esta donación —realizada por sus descendientes— constituye uno de los aportes bibliográficos más importantes que haya recibido la Universidad de Buenos Aires y consta de 14.522 volúmenes de libros y manuscritos. La Biblioteca Arata es parte integrante de la Biblioteca Central de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, que atesora —entre otras valiosas obras— la principal colección de obras sobre Leonardo Da Vinci que hay en el país.
Pedro Arata
Arata fue químico, médico, educador y humanista, una de las personalidades distinguidas de los círculos científicos argentinos de fines del siglo XIX. Su pasión por los libros lo llevó a reunir una valiosa biblioteca privada, donde las más variadas ramas de las ciencias están tan bien representadas como las artes y la literatura. Nació en Buenos Aires el 29 de octubre de 1849. Realizó sus estudios primarios y parte de los secundarios en Italia, los que terminó en el colegio San José de Buenos Aires. Se recibió de farmacéutico en 1872 y de doctor en medicina en 1879.
En 1872 fundó con Francisco P. Moreno, Luis A. Huergo, Estanislao Zeballos y Guillermo White, la Sociedad Científica Argentina y al año siguiente, el Club industrial, actual Unión Industrial Argentina.
El proyecto de puesta en valor
La Biblioteca Arata ha permanecido por seis décadas prácticamente cerrada al público. El proyecto de puesta en valor iniciado en 2005 por la Biblioteca Central de la Facultad de Agronomía con el apoyo económico mencionado más arriba ha posibilitado que a partir del próximo 5 de diciembre la colección esté accesible para la comunidad científica de la Argentina y del mundo: Biblioteca Arata, Biblioteca Central Facultad de Agronomía UBA, Av. San Martín 4453, Buenos Aires.
[Fuente: Laura Martino]
El escritor estadounidense, autor de "Crónicas marcianas" y "Farenheit", Ray Bradbury, aseguró hoy a sus lectores mexicanos que la humanidad debe colonizar otros mundos para lograr su inmortalidad".
En una conferencia vía satélite desde Los Ángeles (EE.UU.) con el público de la Feria del Libro de Guadalajara, Bradbury aseguró que el hombre debió quedarse hace 40 años en la Luna, formar ahí una base para continuar con la exploración hacia Marte y colonizarlo, "para encontrar la inmortalidad de la raza humana".
"¡Nosotros somos los marcianos! El hombre del futuro es un viajero espacial, sólo viviremos eternamente cuando nos reguemos por el universo. Por toda la raza humana hay que volver a la Luna y luego a Marte, tenemos que hacerlo", dijo.
El hombre que no abordó un avión hasta los 62 años, quien no tiene una computadora y es un crítico del uso de la tecnología, explicó a un público compuesto principalmente por jóvenes parte de su vida, sus motivaciones para escribir y diversas anécdotas de sí mismo.
Bradbury, un escritor autodidacta que desarrolló una gran cultura y creatividad a través de la propia lectura, confesó que en los primeros años de su vida fue un insaciable lector y que las bibliotecas públicas le proporcionaron una formación que ninguna universidad le pudo dar.
Aconsejó a los jóvenes ir a las bibliotecas, afirmó que él no fue a la preparatoria "porque era muy pobre" y añadió que se "pasaba tres días a las semana en las bibliotecas, durante 10 años".
"Las bibliotecas son esenciales para volverse un gran estudiante, las bibliotecas son gratis y las universidades son caras", sostuvo.
Refirió que algunas de las principales influencias que tuvo para escribir fueron el cine, las bibliotecas y un excéntrico mago que le dio la inmortalidad.
"Vi todas las películas existentes, vi 16 películas a la semana por varios años, como no tenía muchos recursos iba a las proyecciones gratuitas, proyectaban dos películas por día y cuatro los domingos. A los 20 años ya había visto entre 2.000 y 3.000 películas", contó.
Agregó que su amor por la literatura fue muy grande y que cuando supo de la quema de libros en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial decidió escribir la que es considerada su obra más trascendente, "Fahrenheit 451".
"Tenía tan poco dinero, estaba recién casado y quería escribir sin gastar dinero, fui a la UCLA (Universidad de California) y en un sótano había unas máquinas de escribir a las que tenía que ponerle 10 centavos de dólar cada media hora, y en nueve días gasté nueve dólares, con eso hice la primera versión de Fahrenheit 451, ¿qué tal está eso?", relató.
El suceso más crucial en su vida, según confesó, fue su encuentro a los 14 años con "Mister Eléctrico", un mago de feria que le reveló el secreto de la inmortalidad.
Confesó que es más un escritor intuitivo que racional, por eso ha podido predecir desde el siglo XX la tecnología que existe en la actualidad y que rechaza por convicciones personales.
"Si te relajas puedes lograr esas cosas, yo no lo pienso, lo hago, lo vivo, no uso el cerebro, sino el corazón, yo atrapé ese sueño en mi cabeza y entró Dios, que a veces sale, pero a veces se queda adentro, soy emocional, es salvaje, es maravilloso", añadió.
Al responder a una de las preguntas del público, contestó que él ya es inmortal, porque tiene hijos y nietos.
Y como, según explicó, tiene casi 90 años, está por quedarse ciego y tal vez sordo y quiere vivir para siempre, tuvo que concluir la charla de más de una hora para guardar sus energías en espera de la inmortalidad.

domingo, 29 de noviembre de 2009
En Mendoza funcionan 75 bibliotecas populares, pero esa cantidad representa 21 por ciento menos de los establecimientos que había hace 10 años atrás. Los datos son de la Federación Mendocina de Bibliotecas Populares y desde esa organización entienden que en nuestra provincia por lo menos debería haber 200. Además, de esas 75, 35 bibliotecas no tienen inmueble propio.
"Al Estado le cuesta mantener una biblioteca popular unos 30 mil pesos por año, y el mantenimiento de un móvil policial le sale unos 58 mil pesos, casi el doble", afirmó el titular de la institución, Leonardo Miranda.
¿Libros vs patrulleros?
La comparación de los costos de una biblioteca popular con los de un móvil policial no pretende enfrentar las funciones que cada institución cumple.
En este sentido, Miranda explica: "Cualquier actividad de contención le cambia la dinámica a ese lugar, hay algunas que tienen taller de violín y veo hijos de chacareros o de bolivianos que realmente son virtuosos. Están medio día en la biblioteca practicando. Si no estuvieran ahí, en el mejor de los casos, estarían en el surco trabajando".
Entusiasmado pone otro ejemplo: "Hay una biblioteca que saca una mesa de ping pong a la vereda y se llena de chicos, eso muestra la carencia de espacios que tienen, es sólo una mesa puesta en una vereda".
Desde la Federación vienen trabajando con un concepto ampliado de la biblioteca popular, así es que entienden que no sólo debe limitarse a prestar libros; sino también a fomentar distintas actividades artísticas que en definitiva serán una expresión del ejercicio ciudadano de las personas. Es que están convencidos de que no es casualidad que las bibliotecas populares hayan resistido tantos años.
En Mendoza hay varias que están por cumplir un siglo. Consideran que los cimientos que las mantienen vivas es la participación de la gente traducida en la acción del voluntariado comunitario. "La mayoría de las bibliotecas populares las abren los vecinos de la zona y en ese acto están ejerciendo su ciudadanía porque se abren debido a que están respondiendo a una necesidad del lugar; es raro encontrar alguna que habilitó algún particular", explica Miranda.
Si bien durante los ?90 la sociedad entera vivió distintos reacomodamientos, desde sociales hasta económicos, esos años fueron favorables para las bibliotecas populares.
"Se crearon varias porque surgió una necesidad de ocupar esos espacios para realizar actividades que el Estado estaba dejando de hacer o delegaba", recuerda Miranda y es por eso que destaca su valor social: "En una década en la que se venían abajo muchas instituciones, las bibliotecas populares lograron no sólo sostenerse, sino ampliar sus actividades. De ser un lugar que naturalmente tiene la misión de prestarle libros a la comunidad también asumieron un rol de promoción de la ciudadanía porque los vecinos que participan, se comprometen y entonces funcionan con una dinámica distinta que favorece al entorno".
Etapa de consolidación
Miranda es claro a la hora de hablar de los resultados que han obtenido con las bibliotecas populares, pero admite que todavía falta mucho trabajo. Por eso es que ahora se han decidido a encarar la etapa de "consolidación y garantías de funcionamiento". Dos son los principales ítems de esta fase: los problemas edilicios y el financiamiento.
"Es necesario el financiamiento para poder consolidar una estructura que te permita generar otras actividades además de la promoción de la lectura", explica Miranda.
La falta de edificio también es un problema, porque además de tener que juntar dinero para el alquiler, algunas bibliotecas populares funcionan en escuelas o en uniones vecinales y sus horarios, así como la organización de talleres u otras acciones, están limitados. "Muchas no pueden abrir los fines de semana o no contienen más a la comunidad porque no tienen local propio", sentencia el titular de la Federación Mendocina de Bibliotecas Populares.
Qué leen
Los pedidos de libros responden a las necesidades y características del lugar en el que está ubicada la biblioteca. En algunas se piden más texto escolares, generalmente en las que están en barrios marginales, mientras que en otras se retiran libros de literatura debido a que no hay tantos chicos en la zona.
Miranda cuenta que en Argentina, las 1.200 bibliotecas populares que hay, son las principales compradoras de libros. "Le ganan a las grandes cadenas de librerías", asevera.
Si bien los horarios varían, todas abren por la tarde un par de horas, por lo menos. Están las que además funcionan en la mañana y algunas que abren sus puertas los fines de semana.
La distribución territorial de las bibliotecas es irregular. San Rafael y General Alvear tienen casi la misma cantidad que todo el Gran Mendoza (una veintena), pero Guaymallén tiene tres y Lavalle seis.
En función de la dimensión de uno y otro departamento, lo que sucede en el departamento del norte es saludable. No pasa lo mismo en La Paz, ahí no funciona ninguna biblioteca popular. Gastón Bustelo - gbustelo@losandes.com.ar

El gerente del canal quiso que grabara por sobre las imágenes de las giras de Allende, la entrega del Nobel a Neruda y la visita de Fidel Castro al gobierno de la Unidad Popular. “¿Cómo voy a borrar esa parte de la historia?”, pensó ella, y decidió esconder las fichas de esas grabaciones, que sólo volvieron a verse en la campaña del No.
En 1973, a sus 20 años y mientras estudiaba Bibliotecología en la Universidad de Chile, Amira Arratia empezó a trabajar como archivera en TVN. “Llegué cuando el centro de documentación era una incipiente bodega. Me parece que tenía como 100 ó 110 cintas y unos pocos libros. Se estaba armando recién”, dice antes de humildemente agregar: “Me sirvió juntar desde cero la historia que tenemos hoy en TVN. Eso ha sido muy gratificante”.
Para el golpe llevaba medio año trabajando en el canal. Inexperta pero con olfato, comenzó a guardar las imágenes que los militares querían hacer desaparecer y que por fin vieron la luz en la serie “TVN 40 años. Tu historia es mi historia”, donde el canal de todos los chilenos ha asumido que tergiversó noticias y, derechamente, creó montajes.
Amira -quien al poco tiempo se convertiría en jefa del Departamento de Documentación, cargo que conserva hasta hoy- se encontraba en su despacho cuando los militares irrumpieron y se llevaron una cantidad de filmes de prensa en formato telecine que ni siquiera estaban catalogados. “Mucho de este material se perdió porque ellos entraron, lo metieron en unos sacos y lo quemaron acá mismo”, recuerda.
-¿Cómo fue esa situación?
-Impactante y desconcertante porque el golpe de Estado había sido hacía muy poco, entonces yo tenía una mirada atónita, de incredulidad.
-¿De qué modo entraron los militares?
-Diría entre comillas que llegaron muy suavemente. Me preguntaron dónde estaba el telecine y (...) sacaron ese material. Como estaba el canal tomado por ellos pasaron a ser habitués: dormían aquí, había un regimiento acá adentro y hasta hacían cambio de guardia. Uno almorzaba con ellos en el casino. Entonces no fue una cosa así que llegaran en patrullas.
-¿Intentó defender el material?
-No. A uno le pregunté ¿qué va a hacer con eso?. “Lo tenemos que llevar”, me dijo pero yo, pollo, tenía 20 años, no me iba a enfrentar si tampoco sabía lo que realmente pasaba (…) pero sí supe qué hacer después, cuando me llamó el gerente y me dijo que quería todas las fichas donde apareciera material de Salvador Allende y Pablo Neruda, cuando recibió el Premio Nobel. Quería eliminar todo el material que tenía que ver con la Unidad Popular y la visita de Fidel Castro.
-¿Qué hizo usted?
-En ese tiempo nosotros teníamos un catálogo de fichas manuales (...) entonces me pidió que se lo llevara. Él puso su firma, y eso significaba que ese material había que borrarlo (...) Yo lo que hice fue devolverme de su oficina y pensar en la tremenda decisión que pesaba sobre mis hombros. No sé cómo, en qué momento, tuve ese sentido de preservación, (pero me dije) ¿cómo voy a borrar esa parte de la historia?, ese momento en que TVN transmitió en directo, vía satélite, la entrega del Premio Nobel a Pablo Neruda y las imágenes de Allende, las giras... Eran imágenes únicas, patrimonio de los chilenos, ni siquiera del canal. Del canal es la propiedad, el master, la cinta, la transmisión, pero el hecho es una cosa de todos. Como la única forma de llegar a los materiales era a través de esas fichas, yo las guardé en mi escritorio.
-¿Y las cintas siguieron guardadas acá?
-Claro, la única forma que tú tenías de identificar esas cintas era a través de un catálogo.
-¿Nunca nadie descubrió las fichas en su escritorio?
-No.
-¿Alguien sabía que usted las guardaba?
-Sí, dos personas que trabajaban conmigo. Y otras dos con las que después guardamos todo el material de los corresponsales extranjeros.
-¿Cómo fue trabajar ahí siendo contraria a la dictadura?
-Hubo momentos de mucha desazón, de tristeza, sobre todo cuando tú veías cómo se manipulaba la información (…) pero estábamos en esto más allá de lo que pasara con la dictadura, pensando que teníamos una responsabilidad futura. Nos podrían haber echado en cualquier minuto y pasó con mucha gente, pero sabíamos que eso no duraría toda la vida. Hay una frase que se ha dicho mucho y que nosotros también repetíamos: “Estas imágenes las tenemos que guardar para el nunca más”. Algún día se iban a abrir las compuertas e íbamos a poder decir, a través del archivo, a las generaciones jóvenes, a los que nacieron durante la dictadura o a los que vivieron durante 17 años viendo una sola parte de la moneda: “No señores, aquí también corrió otra historia, había otra sociedad, gente que sufría, detenidos, desaparecidos”.
-¿Cómo pudo guardar copias de lo que despachaban los periodistas extranjeros?
-Las protestas contra Pinochet empezaron en los años 82-83 y por supuesto que eso creó mucha expectativa mundial. Llegaron corresponsales de Europa principalmente. Una de estas dos personas que trabajaba conmigo pasó y se quedó mirando qué estaban despachando los corresponsales a sus países, me cuenta a mí y yo le dije que subiera una cinta e hiciera una copia y otra y siguiera copiando... al final lo copiamos todo, pero lo que yo hice fue no hacer detalle del contenido porque pensaba que si alguien venía, porque normalmente venían los militares a revisar los materiales para buscar personas que habían estado protestando, se podrían perder todas esas imágenes.
-También conservaron los montajes, ¿cómo los hacían?
-Muchas veces los periodistas me entregaban los originales, lo que realmente habían filmado. Lo que iba al aire después era la edición que decidía el editor. Era normal que se guardaran los originales, lo que pasa es que después tuvieron una relevancia histórica. Pero en ese minuto, por ejemplo, el periodista que cubrió el caso Neltume -en 1980, para la operación retorno del MIR en esa localidad- incluyó sonidos de disparos para simular un enfrentamiento armado. Él me dijo que lo iba a editar y que guardara estas cintas originales y yo las guardé.
Amira dice que armar “TVN 40 años. Tu historia es mi historia” implicó muchas horas de trabajo, pero que se obtuvo un producto “tremendamente objetivo... Creo que en estos momentos estamos donde estamos porque hemos sido transparentes a pesar de lo que nos haya tocado vivir”. Su satisfacción radica en “haber hecho un buen trabajo, donde la gente se ve retratada, se emociona. Los archivos son para eso, para mantener la historia”.

Daniel Pennachioni, nacido en Casablanca en 1944 e hijo de un militar francés que pasó buena parte de su vida en el extranjero, empezó su carrera como escritor en 1973 con la publicación del libro-ensayo El servicio militar ¿al servicio de quién? Para evitarle problemas a su padre, firmó ese texto como “Daniel Pennac”, un seudónimo que no ha dejado de utilizar desde entonces. Tras unos años de silencio, publicó Perro, perrito y La mirada del lobo, dos libros para niñosque había escrito mientras trabajaba como profesor de bachillerato, primero en Soissons, sesenta kilómetros al norte de París, y luego en la capital.
Al nombrar a Pennac lo primero que viene a la mente son los “Derechos del lector”, uno de los capítulos de Como una novela, su ensayo (?) sobre la enseñanza de la literatura, que para el público latinoamericano ha opacado al resto de su obra. Es, no obstante, ese “resto de su obra”, y sobre todo lo que ha sido llamado la “Saga Malaussène”, lo que le dio estatus de autor de culto en Francia e Italia.La Fundación Germán Sánchez Ruipérez está dedicada a la promoción de la lectura y, en este caso, centra su interés en la interacción entre lectura y tecnología en los contextos bibliotecario y educativo. Además de proporcionar un nuevo servicio a los usuarios de sus centros, ha diseñado Territorio e-book como un proyecto de investigación sobre la experiencia de lectura en estos dispositivos electrónicos. Se pretende conocer mejor cómo viven el proceso de lectura los usuarios y, así, anticipar algunos de los roles a los que bibliotecario y usuario, profesor y alumno tendrán que adaptarse en un futuro cercano.
Este trabajo de seguimiento e investigación está coordinado simultáneamente por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y el laboratorio Orion Medialab de la Universidad Pontificia de Salamanca. El primer paso consistió en realizar una evaluación de los diferentes modelos de dispositivos digitales de lectura existentes en el mercado, desde las variables directamente relacionadas con el ámbito bibliotecario y educativo: préstamo, lectura de prensa, seguridad, ergonomía y legibilidad.
A principios de 2010, usuarios de las bibliotecas de la Fundación en Peñaranda y Salamanca pasarán a ser el núcleo de la investigación: grupos de lectores mayores de cincuenta y cinco años comenzarán este proyecto, a los que se unirán de manera sucesiva grupos de lectores infantiles y juveniles y de usuarios entre dieciocho y cincuenta y cinco años que formarán parte de una actividad de préstamo controlado, lo que permitirá a los investigadores conocer la interacción de estos diferentes públicos con el libro electrónico y su opinión sobre la experiencia lectora. Entre otras actividades, se va a hacer una experimentación con la lectura de la obra, El manuscrito de Piedra, de Luis García Jambrina, editado por Alfaguara – editorial que ha cedido la licencia para la reproducción en los dispositivos digitales de lectura- con el fin de contrastar el impacto de las técnicas de dinamización.
Al mismo tiempo que se desarrolla esta experiencia de lectura y préstamo controlado, los usuarios habituales de prensa diaria podrán acceder, de forma abierta y libre, a diferentes periódicos usando para ello un lector de libros electrónicos. Territorio E-Book se complementa con otras acciones referidas a la divulgación, documentación, formación y transferencia de los resultados obtenidos a otras bibliotecas y centros educativos.
Susana Reinoso
LA NACION
Con el encendido de los primeros árboles navideños en poco más de dos semanas, la industria editorial sacará a las vidrieras lo mejor y lo más vendible de sus novedades editoriales de fin de año.
Con tiradas que van de los 3000 a los 20.000 ejemplares habrá libros para entretener y entretenerse; otros que, con mayor o menos profundidad, apuntan a entender la política nacional; biografías sobre vidas notables de la cultura; autoayuda para sortear la mala onda, chick lit para adolescentes y no tanto, cocina gourmet y tradicional, mucho bestseller y buena literatura conforman la extensa oferta que llega, desde estos días, a las librerías vernáculas.
A pesar de la contracción del mercado los editores consultados por LA NACION dicen que 2009 no ha sido tan malo. Tampoco fue el mejor de la última temporada, pero con una ley del Instituto Nacional del Libro en camino de ser sancionada por el Congreso, para beneplácito de las cámaras editoriales, bien podría decirse que el libro en la Argentina goza de buena salud.
¿Cómo se eligen los libros de fin de año? De acuerdo con el estado de ánimo, las expectativas y el gusto del consumidor, coinciden los consultados. Por ejemplo, el enorme éxito de del actor cómico Diego Capusotto y su guionista Pedro Saborido en la televisión pública les asegura un plus de ventas para las fiestas.
Las investigaciones periodísticas de Edi Zunino y Luis Majul han despertado interés en el escenario de un país crispado por la confrontación y preocupado por la inseguridad. Y El poder de las buenas noticias, de Guillermo Andino también se hace su lugar en el competitivo mercado editorial.
Para el director editorial de Random House Mondadori, Pablo Avelluto, "este es un año en que recuperaron espacios varios libros periodísticos" porque si bien "el clima político no influye en el campo de la ficción, sí lo hace en el de los libros de investigación". Para el editor la clave de las buenas ventas de fin de año se explica por "la diversificación de los intereses del público. Un lector de no ficción es a su vez un lector de ficción. Este año en la Argentina se han reproducido algunos fenómenos editoriales globales".
Para el director editorial de Grupo Planeta, Ignacio Iraola, el tirón del los éxitos europeos es bien aprovechado en el nivel local. "Stieg Larsson y Dan Brown son claros ejemplos. El símbolo perdido tuvo una tirada inicial de 100.000 ejemplares en nuestro mercado". Una cifra que sólo pueden permitirse probados best sellers locales, como Marcos Aguinis o Alejandro Dolina. Iraola dice que "históricamente, diciembre es un mes de muy buenas ventas porque la gente elige para regalar en las fiestas y leer en vacaciones".
Por Adriana Hidalgo, el jefe de prensa Alejandro Cánepa comenta que 2009 ha sido un buen año para el sello argentino. "Cumplimos 10 años, estrenamos una coleccion infantil con excelente acogida entre libreros y lectores y terminamos con 38 títulos editados y un catálogo de 220 obras". Para el año próximo se preparan títulos de escritores con mayúsculas, como Clarice Lispector, Le Clézio, Juana Bignozzi y Arnaldo Calveyra, entre otros.
Los editores consultados también coinciden en destacar que en el codiciado ranking de los más vendidos han aparecido autores locales, lo que constituye una novedad frente a las cifras demoledoras de los fenómenos editoriales globales.
Analía Rossi, editora de Aguilar (sello de Grupo Santillana), dice que en el género no ficción "los autores más vendedores son los que ya constituyen una marca, tanto a nivel nacional como internacional. Pero se nota también un interés en temas del revisionismo de la historia más reciente". Su colega de Alfaguara, Julia Saltzmann, agrega que, en tren de impulsar los nombres argentinos entre los más vendidos, una fuerte apuesta de fin de año será el libro Más liviano que el aire, de Federico Jeanmaire, ganador del Premio Clarín de Novela.
Por Ediciones B, la jefa de prensa María Estomba señala: "Sin duda, las temáticas que más venden en tiempos de crisis son la autoayuda, los ensayos políticos y sociales y, luego, la ficción". Y el editor de Norma, Antonio Santa Ana, confirma que en diciembre "siempre se vende más" y apuesta fuerte, entre otros, por la biografía de Michael Jackson y la exitosa continuidad de Caudillos federales, que ya vendió 30.000 ejemplares.
El editor Mariano Roca, de Tusquets, completa: "Para nuestro sello, 2008 fue un buen año, a pesar de las dificultades de la situación nacional. Tenemos muchas expectativas para 2010, porque tendremos la visita de autores relevantes". Y, a la luz de la convocatoria que los escritores tienen cuando firman ejemplares, ésa es una excelente estrategia de venta de libros.
El año cierra con apenas un puñado de nombres en el podio de los más vendidos. Solo dos casos merecen un renglón propio: Julio Cortázar (Papeles inesperados) y Stieg Larsson y su trilogía Millenium, por convertirse en bestsellers post mortem. En un caso, por la magia de su literatura. En el otro, por su atractiva construcción narrativa.
Entre los nombres que tentarán a los agitados consumidores de fin de año se encuentran los extranjeros Dan Brown (El símbolo perdido); Paulo Coelho (El vencedor está solo); Txumari Alfaro y su oferta culinaria natural; el malogrado Stieg Larsson y su exitosa trilogía Millenium; Stephenie Meyer y su famosa serie vampiresca Crepúsculo; Isabel Allende (La isla bajo el mar); Fernando Savater (Historia de la filosofía sin temor ni temblor), José Saramago (Caín), Santiago Gamboa (Necrópolis),Orhan Pamuk (El museo de la inocencia); Doris Lessing (Alfred y Emily); Jean Marie Gustav Le Clézio (La música del hambre), Henning Mankell (El hombre inquieto). Gerald Martin con su comentada biografía de Gabriel García Márquez, y el desdichado Michael Jackson con su biografía post mortem.
Los mencionados disputarán la preferencia de las compras navideñas con autores locales como Marcos Aguinis (¡Pobre patria mía!), Alejandro Dolina (edición definitiva de Lo que me costó el amor de Laura), Eduardo Sacheri (La pregunta de sus ojos), Claudia Piñeiro (Las grietas de Jara), Roberto Petinatto (Sumo por Pettinato), Luis Majul (El dueño), Bernando Stamateas y su serie de Gente tóxica y Emociones tóxicas, Diego Capusotto (Peter Capusotto. El libro), Hugo Alconada Mon (El secreto de las valijas)Edi Zunino (Patria o medios), Oscar González Oro (que debuta con Radiografía de mi país), Edgardo Cozarinsky (Lejos de dónde); Gabriel Rolón (Palabras cruzadas); Felipe Pigna y su biografía de Bernardo de Monteagudo, y el conductor Ari Paluch (El combustible espiritual 1 y 2).
Además de esta oferta que se derramará profusamente desde fin de mes con algunos títulos que ya asoman en las librerías, habrá buena literatura para un público de tradición lectora. En esa oferta se encuentran títulos que aportarán sellos como Area Paidós, Siglo XXI Editores, Beatriz Viterbo, Adriana Hidalgo, Marea, El Cuenco de Plata y otros excelentes sellos extranjeros como Gadir o Siruela, entre otros.
A mediados del siglo XIX el arqueólogo británico Austen Henry Layard descubrió en lo que hoy en día es Irak los restos de lo que resultara ser una biblioteca en los territorios del antiguo reino asirio de Nínive, la misma sería nombrada en honor a Asurbanipal, el último gran rey asirio. Esta biblioteca no era cualquier otra ya que poseía una amplia y rica historia; historia que sería olvidada por más de dos milenios y medio cuando en el 612 antes de Cristo resultara víctima de una de las inacabables guerras mesopotámicas tras que una alianza comandada por los babilonios invadiera la ciudad destruyendo todo. De la invasión desencadenaría un asedio interminable por el cual varios de los edificios de la ciudad arderían en la llamas de la guerra, edificios entre los que se encontraba la biblioteca. Si bien normalmente esto se traduciría en destrucción total, como en tantos otros casos, en este caso en particular algo maravilloso ocurriría, los contenidos de la biblioteca no estaban en su totalidad almacenados en papiros, sino que eran tablillas de barro que con el calor se cocieron y quedaron atrapadas dentro de los restos de la misma.
Layard enviaría las casi 31 mil tabletas halladas al Reino Unido, donde serían almacenadas y estudiadas hasta el día de hoy en el Museo Británico, tarea no simple ya que la condición de los textos no es perfecta y muchos de hecho han sido clasificados como irrecuperables. De la biblioteca pudieron recuperarse y reaparecer tras ser perdidos en las arenas del tiempo los textos de la épica de Gilgamesh, el mito de Adapa, el Enûma Eliš y la leyenda del Pobre hombre de Nippur entre muchos otros de menor importancia.
La villa de los papiros
Curiosamente algo similar, aunque no intencional como el caso anterior, ocurrió en Herculano con la Villa de los papiros. Esta pertenecía a un adinerado y poderoso romano, Calpurnio Pisón, amante ferviente de la cultura cuya rica y bien provista biblioteca quedaría enterrada en las cenizas volcánicas que calcinarían a la ciudad, de esta manera quedando congelada en el tiempo. Si bien los papiros han sufrido un fuerte deterioro con el pasar de los siglos, hoy en día varios museos y bibliotecas del mundo se encuentran con éxito desarrollando tecnologías que permitan recuperar el contenido de los mismos. Según se espera, en la biblioteca existen varios textos griegos y romanos perdidos, especialmente se cree poder recuperar al menos fragmentos de varios de los clásicos perdidos tras la caída del imperio, así como cartas y documentos que permitan tener un conocimiento de primera mano de las turbulenta situación política de Roma en esa época.

El mismo tuvo origen a principios del siglo XX cuando la Ontario Power Company -click en enlace para ver un plano de la construcción-, a manera de proyecto hidroeléctrico, tuviera la idea de utilizar la energía producida por la caída misma de las cataratas para así generar grandes cantidades de electricidad. Para esto se desarrollarían una serie de túneles subterráneos plagados de conductos que alimentando varias tuberías de carga que, gravedad mediante, movían varias turbinas hidroeléctricas cuyo sistema, fuertemente modificado en comparación a las tradicionales, les permitía alimentar generadores ubicados a varios metros en la superficie. El sistema era increíblemente novedoso para la época, ya que otra serie de tuberías devolvía el agua a la parte baja del río, sin afectar así el caudal del mismo.
Pero la tarea lograría superar la tecnología de la época y el proyecto sería abandonado a pesar de varios intentos de revivirlo. Durante varias décadas quedaría oculto, inhabitado y, gracias a su más que difícil acceso -solo se puede ingresar por un pequeño túnel detrás de las cataras- totalmente perdido del mundo. Permaneciendo así hasta que un grupo de intrépidos exploradores The Vanishing Point, especializado en explorar minas, cavernas y túneles, ingresara a la planta hace unos pocos años y obtuviera una gran cantidad de fotografías e información del mismo -por cierto, les recomiendo infinitamente visitar el sitio de The Vanishing Point, a pesar de que su actualización no es seguida es uno de mis sitios preferidos de la red desde hace varios años-.

La nueva prueba detecta los compuestos liberados por el papel envejecido.
Los investigadores del Centro de Patrimonio Sostenible de la Universidad de Londres descubrieron que con una nueva "prueba de olor" se puede medir la degradación de libros viejos y documentos históricos.
La prueba, dicen los científicos en la revista Analytical Chemistry (Química Analítica), recoge e identifica los compuestos químicos que las páginas liberan cuando se degradan.
El avance, agregan, podría ayudar a bibliotecas y museos en la conservación de una variedad de libros preciosos.
La prueba está basada en la detección de los niveles de compuestos orgánicos volátiles.
Estos son liberados por el papel a medida que envejece y produce el familiar "olor de libro viejo".
El equipo internacional de investigadores, dirigido por Matija Strlic, describe a ese olor como "una combinación de tonos herbáceos con fuerte aroma ácido y algo de vainilla sobre una humedad subyacente".
Pensé que sería fantástico contar con un método que nos permitiera oler el papel y decirnos cuánto se había degradado analizando los componentes que emite
Dr. Matija Strlic
"El inconfundible olor es parte tanto del libro como de su contenido" dicen los autores.
Tal como explicó a la BBC el doctor Strlic, la idea de desarrollar una nueva prueba surgió al observar cómo lo trabajaban los conservadores de museos.
"Noté que a menudo los conservadores olían el papel durante sus análisis", recuerda el científico.
"Pensé que sería fantástico contar con un método que nos permitiera oler el papel y decirnos cuánto se había degradado analizando los componentes que emite".
La nueva prueba hace justamente eso. Detecta los ingredientes contenidos dentro de la mezcla de compuestos volátiles que emana el papel.
La mezcla, dicen los investigadores, "depende de la composición original del sustrato de papel, los materiales aplicados y el tipo de encuadernación".
El nuevo método ha sido bautizado material degradomics (principios de degradación de material).
Los científicos podrán usarlo para descubrir qué tipo de sustancias químicas liberan los libros, sin dañar el papel.
Este consiste de una técnica analítica llamada cromatografía de gases y espectometría de masa, que simplemente "huele" el papel y separa los distintos compuestos.
El equipo del doctor Strlic probó 72 documentos históricos de los siglos 19 y 20 -algunos de los cuales habían sido comprados en eBay- e identificó 15 compuestos que era "marcadores confiables" de degradación.
"El aroma está formado por cientos de compuestos, pero estos 15 contienen casi toda la información que necesitamos" dice el investigador.
La medición de los niveles de estos compuestos individuales hizo posible producir una "huella" para saber la condición de cada documento.
Con este conocimiento químico tan completo del estado de un libro -expresa el científico- los museos y bibliotecas podrán identificar los libros y documentos que más necesitan ser protegidos de una mayor degradación.
La información también podría ser útil para perfeccionar las técnicas de conservación.
El método, expresan los científicos, no es exclusivamente aplicable a libros sino también podría ser utilizado con otros artefactos históricos.

Jueves, 12 de noviembre de 2009
QUINTA EDICION DE LA FERIA DEL LIBRO ANTIGUO DE BUENOS AIRES
Desde hoy a las 18.30, el Museo Isaac Fernández Blanco será la cueva preferida por visitantes argentinos y extranjeros a la pesca de ese libro raro, bello, de perfume único. “La continuidad del encuentro es un factor notable”, señala Alberto Casares.
Por Silvina Friera
Los raros, curiosos, simpáticos y coleccionables –el más asombroso de los inventos del hombre, como lo definió Borges– andan sueltos por el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco (Suipacha 1422). Aunque esta deliciosa fauna tiene alma, serán los medium, esos apasionados libreros de anticuarios, los encargados de encontrarles poseedor a libros antiguos, ediciones de bibliófilo, primeras ediciones de autores destacados, encuadernaciones finas, fotografías, mapas, grabados y documentos históricos que se exhibirán en la V edición de la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, que se inaugura hoy a las 18.30 y se extenderá hasta el domingo. Previo pago del peaje de una entrada de un peso, se podrá acceder a las almas en exhibición: el primer libro editado por Sur en 1933, Romancero Gitano, de Federico García Lorca, ejemplar 31 de una tirada especial de 90, firmado por el poeta granadino; el Manuscrito de un viaje a la Patagonia, que escribió Benjamín F. Aráoz a bordo del acorazado Los Andes como médico de la Armada en 1878; el Manifiesto Ultraísta Vertical, de Guillermo de Torre, impreso en Madrid en 1920; el Martín Fierro, de José Hernández, ilustrado por Adolfo Bellocq, publicado en 1930; un cuaderno único de Juan Carlos Dávalos con textos hológrafos del literato salteño, firmados y fechados entre octubre de 1912 y enero de 1913; y el Indice Ultimo de los Libros Prohibidos y Mandados expurgar en todos los reinos y señoríos del rey Carlos V, desde 1747 hasta 1789, entre otros.
Organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (Alada) y la Subsecretaría de Patrimonio Cultural de la ciudad, la feria es la actividad más esperada por los amantes del libro antiguo y raro. Además de la participación de diecisiete librerías (Alberto Casares, Helena de Buenos Aires, Manos Artesanas Comunicaciones, Armando Vites, Víctor Aizenman, Poema 20, Fernández Blanco y Terra Nova, entre otras), habrá charlas y mesas redondas. “La continuidad del encuentro es un factor notable, especialmente si se tiene en cuenta que se organiza a pulmón y con recursos limitados”, dice Diran Sirinian, de la librería Poema 20, bautizada así por el poema de Pablo Neruda. Alberto Casares, presidente de Alada, subraya que por tratarse de una experiencia nueva la feria todavía no tiene la trascendencia que debería. “Si bien no es un evento masivo, convoca a miles de visitantes nativos y extranjeros que disfrutan el contacto con una exquisita selección de libros. La feria acerca al gran público un material que tradicionalmente estaba reservado a unos pocos.”
En el imaginario popular cotiza la idea de que además de ser un bicho raro, el anticuario se interesa sólo por libros antiguos. En ese casillero entrarían todos los ejemplares anteriores al siglo XIX. Pero el detective avieso de apellido armenio aclara que el concepto es más amplio. “Se busca el libro raro, simpático, curioso, coleccionable”, resume. ¿Cómo funciona la mente de estos coleccionistas de joyas de la humanidad? “Yo tengo una especie de ecuación multivariable”, explica Sirinian. “Primero intento detectar si el libro tiene algo de estos atributos: raro, simpático, curioso, coleccionable. Una vez constatado, evalúo las características físicas, el estado de conservación, de afuera hacia adentro y viceversa. Esto incluye una evaluación del papel, si está limpio, sin manchas de humedad, sin rastros de polilla. Si la encuadernación es la original o distinta. Dependiendo del tipo de libro, puede ser relevante y decisivo. Si está completo, con todos sus cuadernillos, páginas, láminas, grabados, mapas, planos. A veces es difícil establecerlo, incluso contando con bibliografía relevante, piedra fundamental de cualquier librería anticuaria seria. Si el libro es bello. Me refiero a la concepción, puesta en página, tipografía, encuadernación, iconografía. En algunos casos, especialmente en libros de literatura, puede ser relevante saber si se trata de la primera edición o posterior.”
Sirinian dice que en ciertos libros especiales, ilustrados, con ediciones numeradas, “es importante estudiar el colofón para saber algo más sobre las características de la edición”. El librero se dedica a un rubro que tiene sus fanáticos: la fotografía patrimonial antigua (s. XIX) y de la primera mitad del siglo XX. “Estoy permanentemente a la búsqueda de material”, avisa. También me especialicé en libros de fotografía, un nicho que reúne un creciente grupo de entusiastas”. Luis Figueroa, de la librería homónima, opina que es difícil describir lo que busca en un libro porque “es mucho lo que brinda a través de su historia, su caligrafía, grabado, sus diferentes tipo de papel, su encuadernación y perfume”. “No olvidemos el texto, que nos transporta a la realidad, a la ficción, la pasión, la aventura”, agrega este librero que cree que los libros tienen alma y “uno cumple la humilde tarea de encontrarles un poseedor”.
En el espacio de la feria los expositores tienen ocasión de mostrar una pequeña selección del fondo de cada librería. Sirinian calcula que llevará unos cincuenta libros y una carpeta con mapas, fotografías y manuscritos. “La tendencia será exponer una muestra selecta, lo cual suele significar que son precios en promedio más elevados que la media disponible en la librería. Esto no quiere decir que el precio es la única variable que define los libros para llevar a la feria”. Mientras en Poema 20 se pueden encontrar libros a partir de 15 pesos, el dream team de la feria tendrá un piso de 350 dólares. Por ejemplo, ¿Aguila o sol?, de Octavio Paz, edición mexicana de 1951 con una bella sobrecubierta ilustrada de Rufino Tamayo, cuesta 370 dólares. Piedra de sol, también de Paz, edición mexicana de 1957 con encuadernación en rústica, con sobrecubierta, el ejemplar 292 de una tirada de 300, firmado por el autor en el colofón, trepa a los 450.
Casares plantea que el aspecto crematístico del libro es el que menos interesa y hablar de precios es sólo “un aporte a la confusión general”. “Reconozco que es un tema que siempre interesa a los periodistas, tal vez porque vivimos en un mundo donde aparentemente todo se mide con la vara del dinero. Y parecería que Picasso es mejor pintor si un diario nos cuenta que un cuadro suyo se pagó millones de dólares. O que Borges es mejor escritor por el precio alcanzado por un manuscrito en una subasta en Nueva York”, compara. En mi librería hay una mesita a la entrada con libros desde 2 pesos, pero si cae en mis manos la primera edición del Quijote, voy a tratar de venderla en algunos millones de dólares”.

Los orígenes del cuy se pierden en la noche de los tiempos. Pero es un hecho que hace 5,000 años ya servía como alimento a los antiguos peruanos, como testimonian los restos que se encontraron de este noble animalito en cuevas prehistóricas ayacuchanas (Luis G. Lumbreras dixit, en: “Los orígenes de la civilización en el Perú”).
El cuy es autóctono de los Andes, no lo habían visto nunca antes los primeros occidentales que llegaron a América. Los españoles lo llamaron “conejillo de Indias”, porque les recordó a sus conejos. Con voz propia le hemos llamado cuyo en el sur de México y Guatemala, curiel en Cuba, cuilo en Colombia y Costa Rica, cuya en El Salvador, cuy en Ecuador y Perú, cuye en el sur del Perú y Bolivia, cuis en Argentina y Chile. En la raíz común de esos vocablos está la onomatopeya con que imitamos el chillido de los cuyes, cui cui…
Los orígenes del Cuy son más fáciles de detectar y no es necesario aplicar el Carbono 14 a los originales. Datan del 27 de mayo de 1977, como consta en el reverso de los dibujos. Los hice en Sebastián Tellería 320, San Isidro, la casa de doña Victoria Velarde, por entonces mi suegra. Días antes había abocetado las ideas en algún papel que después destruí. Estaba muy contento, había querido dibujar un personaje animal que representara con ternura la identidad peruana y sentía que la había achuntado. Pero mi entusiasmo no fue compartido en los diarios a que lo postulé, “El Comercio” y “La Prensa”. Entonces no busqué otro medio, lo guardé en un sobre.
En la misma fecha pasé a limpio las primeras cinco secuencias. De ellas, hoy les ofrezco tres, para no atosigarlos. Decidí no corregir las huellas que el tiempo ha ido dejando en la cartulina, para así sentirnos más cerca.
Antes de ir a los diarios, que eso producía cierto estrés (expectativa al sacar la cita, al tomar mi ómnibus y caminar por los pasillos del periódico, esperar a que me hicieran pasar, mirar la cara del director mientras leía, etc.), cargué baterías llevando estos dibujos al Ministerio de Educación. Allí trabajaba con locos increíbles que hoy son muy conocidos. En especial recuerdo que me dio mucha alegría la reacción de Teresa Ralli, porque se reía y casi lloraba. Yo, de emoción, casi me aviento por la ventana, pero aquello ocurría en el piso 18 de la sede del Parque Universitario.
Dos años después, yo trabajaba como editor de la página de amenidades del semanario “La Calle”. Allí mostraba viñetas de los grandes humoristas gráficos del mundo y les escribía una presentación. Mi biblioteca era buena, pero un día no sabía a qué autor poner. De la revista llamaron reclamando la página, estaban por cerrar la edición. Desesperado recordé que en un cajón del escritorio estaba un sobre con esos dibujos… Armé al toque la página y escribí cualquier cosa rápida. El Cuy nació públicamente el 19 de noviembre de 1979.

"Google nos engañó". Peter Brantley, director de la organización bibliotecaria sin ánimo de lucro Internet Archive y ex director de la Federación de Bibliotecas Digitales de EEUU, explica así a Público cómo comenzó su cruzada contra la digitalización de libros del gigante de Internet. Y continúa: "Cuando empezaron, lo hicieron bajo la premisa de que era sólo para búsquedas. Lo que no sabíamos es que durante dos años negociaron con autores y editores para vender estos libros en la Red sin que les demandasen".
Fue la mentira, la picaresca de una empresa que digitalizó siete millones de libros para fines comerciales sin pedir permiso a nadie, lo que le motivó a liderar la Open Book Alliance, una especie de sindicato en el que ahora se encuentran autores y editores, y que ha comandado las críticas contra Google. Una acción que, de momento, ya ha conseguido que la empresa de Internet tenga que renegociar su famoso Acuerdo.
"El 9 de noviembre, sabremos cuál es el resultado del juicio y lo que esperamos es que Google lo haya alterado de tal manera que los intereses de los autores estén mejor representados. Lo que creo que sucederá, además, es que los libros europeos quedarán finalmente excluidos del Acuerdo. Es decir, que no se podrán visualizar ni vender a través de Google", asegura.
Brantley, que ayer participó en las jornadas de ANELE sobre el e-book, no está en contra de la digitalización de libros. Lo que no le gusta es que unos pocos se puedan beneficiar del acceso a una cultura universal. Por eso, para él es muy importante que "los libros estén disponibles en diferentes plataformas, ya sean las que monten los libreros, las editoriales o las bibliotecas".
Precisamente, su organización acaba de crear Bookserver, una plataforma de búsqueda de e-books que pretende "democratizar el acceso al libro". Esto significa que el usuario entrará en esta página, tecleará un título y Bookserver le mostrará una lista con todas las librerías, bibliotecas y editoriales del mundo donde puede conseguir ese título de forma on-line. Después, el usuario sólo tendrá que entrar en una de las web y descargárselo o sólo visualizarlo.
Para Brantley, la gran diferencia con respecto a las plataformas Google Editions y Amazon es que "el e-book tendrá formato epub, es decir, abierto para todos los dispositivos, no como el Kindle, y además permitirá que las editoriales y las librerías sigan manteniendo el control de su negocio, ya que se encargarán de poner el precio y de la distribución". Google y Amazon prefieren controlar esta parte del negocio.
Este bibliotecario confirma que el acceso a los libros será on-line. Sin embargo, mientras que entiende que las librerías físicas lo tienen difícil, sí confía en la pervivencia de las bibliotecas. "Es muy posible que las de las instituciones dejen de ser propietarias de los libros que tienen y funcionen con licencias de préstamos en dispositivos electrónicos. Por otra parte, las bibliotecas comunitarias cambiarán su papel y tendrán otro tipo de servicios con fines sociales", afirma Brantley, el tipo que le ha plantado cara al mayor gigante de la Red.


Cualquiera que tenga una biblioteca mediana habrá sido alguna vez objeto de una asombrada pregunta: “¿Pero usted leyó todos esos libros?”, que no es otra cosa que una jugarreta del interlocutor para ponerlo a uno en ridículo. Al responder que eso es imposible, el otro se queda callado, pero flota en el aire una implacable acusación de frivolidad y ostentación. En efecto, tener muchos libros ofende al prójimo, tanto al que no puede comprarlos como al que gasta su dinero en cosas más provechosas. Y que ni siquiera el propietario los lea resulta la prueba última de que no valen la pena.
El primero en plantear la maldita pregunta fue posiblemente Luciano de Samósata, nacido en Siria en el año 125, escritor satírico, conferencista y funcionario romano (el currículum hace pensar en Jorge Asís), quien llevó el arte de la injuria a grandes alturas. En su opúsculo El bibliómano ignorante, radicaliza la cuestión y la emprende contra un fulano que tiene una lujosa biblioteca de la cual no ha leído un solo ejemplar. No está claro si el autor lo ataca por bibliómano o por sodomita y tampoco se termina de entender cuál podría ser la relación entre ambas aficiones. Pero el texto es sin duda elocuente y empieza así: “Tú crees que por comprar compulsivamente los mejores libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y, en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura. Es más, ni siquiera compras los mejores, sino que confías en cualquiera que se ponga a elogiarlos y eres un chollo para quienes mienten sobre tales libros y un tesoro a punto para los que comercian con ellos.” Para un frecuentador de libreros y lector de suplementos culturales, es decir para alguien que no para de ser engañado por reseñas y recomendaciones, el pasaje es hiriente aun sin saber lo que significa un “chollo”, palabra que suena verdaderamente despectiva.
El bibliómano ignorante acaba de ser publicado por Errata Naturae, una de las editoriales españolas independientes más paquetas. Los libros de Errata Naturae son realmente elegantes, inevitables para el bibliómano compulsivo a partir del primer vistazo; aunque el de Luciano, noventa páginas pequeñas, cueste diez euros en España y sesenta pesos en la Argentina. Las tapas están ilustradas con dibujos de un personaje que cambia según la colección. La que aquí nos ocupa incluye también el Elogio de la calvicie, de Sinesio de Sirene (370-413) y su emblema es un hombre “extraño, sereno y meditabundo”, vestido con corbata y con cabeza de pájaro, como representación alegórica de la sabiduría. La editorial nos informa que en el Livre de Sidrach, fechado hacia 1285, se dice que “el hombre debe tener un cuello de grulla, largo y nudoso, con objeto de que tenga tiempo de reflexionar antes de comenzar a hablar”. Pero la casa editorial es tan refinada que hasta el pie de imprenta es original y se extiende casi hasta un ensayo: “El bibliómano ignorante es el tercer libro de la colección Los Agripianos. Compuesto en tipos Dante, este texto se terminó de imprimir en los talleres de Efca por cuenta de Errata Naturae editores en junio de dos mil nueve, medio siglo largo después de que Allan Stewart Konisberg, judío de origen ruso-austríaco, nacido en Brooklyn, firmara su primer texto con el seudónimo de Woody Allen, y uno de sus profesores de la Universidad de Nueva York le recriminase que aquello no era material universitario...”.
En el prólogo, Iván de los Ríos también habla de Woody Allen y lo trata con el respeto debido a una verdadera autoridad intelectual. Es curioso que eso ocurra en España donde, además de saber el significado de “chollo”, las personas del primer decil cultural tienen en su panteón a figuras como Allen, que entre los argentinos más sofisticados no pasa de un segundo plano sospechoso. Lo que seguro tienen los bibliómanos españoles, lean o no los libros que compran, es más dinero.

Por William Ickes (AFP) – hace 12 horas
FRÁNCFORT, Alemania — El proyecto de Google, el motor de búsqueda más poderoso de Internet, de convertir millones de libros en literatura electrónica para ser consultados en línea, fue recibido con cólera en la edición número 61 de la Feria Internacional del Libro de Fráncfort (Alemania).
Roland Reuss, profesor de literatura de la Universidad de Heidelberg (sudoeste de Alemania), es uno de los que denuncian el plan de Google de digitalizar numerosos libros agotados o difíciles de encontrar para proponerlos luego en internet y cobrar los beneficios a través de la publicidad.
"Esto no tiene sentido de A a Z, es basura y propaganda histérica", sostuvo Reuss en un foro realizado sobre esta cuestión en Fráncfort, advirtiendo contra el riesgo de aniquilar a la industria editorial tradicional.
"Ustedes revolucionan al mercado (del libro), pero el costo será la destrucción de los que producen libros", declaró. Un ejecutivo de Google en Gran Bretaña, Santiago de la Mora, respondió: "Nosotros resolvemos uno de los grandes problemas mundiales, el hecho de que un libro que no se puede encontrar es casi un libro muerto".
Según de la Mora, el proyecto de Google "hará revivir estos libros haciéndolos más visibles para 1.800 millones de usuarios de internet, de una forma muy bien controlada". El proyecto de biblioteca digital Google Books (Libros Google) chocó en Estados Unidos y Europa con numerosos adversarios, que temen una violación de los derechos de autor.
A fines de 2008, los autores y los editores estadounidenses concluyeron con Google un acuerdo sobre la explotación de esos títulos colocados en línea y el pago de los ingresos publicitarios respectivos. Sin embargo, el ministerio de Justicia de Estados Unidos, en nombre de los derechos de autor, les ordenó revisar su proyecto. La discusión continúa ante la justicia en Nueva York, donde se espera un veredicto en noviembre.
El acuerdo concluido a fines de 2008 también es impugnado por los gobiernos de Francia y Alemania. Los editores europeos y los poderes públicos consideran que Google violó las leyes vigentes en la Unión Europea al escanear sin autorización previa 10 millones de obras, algunas provenientes de Europa. "Antes de toda utilización comercial de una obra, hay que pedir permiso", afirmó Christian Sprang, abogado de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes.
Al ser interrogado por la AFP sobre este debate, el comisario europeo encargado del multilingüismo, Leonard Orban, dijo que "hay que garantizar el acceso del público a los libros, si es posible gratuitamente, pero también hay que proteger a los autores".
En Fráncfort, Google confirmó el lanzamiento en 2010 en Europa de su servicio Ediciones Google, que permitirá cargar libros enteros en el teléfono celular o en todo lector digital.
Desde que Amazon.com lanzó el servicio Kindle, la perspectiva de un nuevo competidor hace temer a los editores una fuerte caída de las ventas de libros "clásicos". Según los pronósticos del sector, los libros electrónicos formarán parte de los regalos más corrientes en Navidad.
Para los editores, Ediciones Google es más amenazador que Amazon. Todo aparato electrónico dotado de un navegador web --desde los smartphones a los libros electrónicos, pasando por las computadoras, portátiles o de mesa-- podrá tener acceso al catálogo de Ediciones Google. En cambio, la compra de obras que se pueden leer en los libros electrónicos Kindle sólo se puede hacer a través de Kindle.
Según Google, unas 500.000 obras estarán disponibles desde el primer semestre de 2010 en Europa. Laurent Picard, cofundador del grupo francés Booken, que presentó en Fráncfort su modelo electrónico Cybook Opus, considera que Google y Amazon "tendrán un gran poder sobre los editores" y podrían comenzcar a influenciar los precios de la edición cuando las versiones en papel comiencen su decadencia.

Viernes, 16 de octubre de 2009
MUSICA › MARIANA CINCUNEGUI Y LAS NOCHES DE LINTERNAS EN LA BIBLIOTECA
La propuesta es “intervenir una biblioteca de noche”. Lejos de todo convencionalismo, Cincunegui eligió salir a compartir su música, y la que hacen sus alumnos, con otros artistas amigos. Para próximos encuentros promete “Canciones al fuego” y un “Nocturno de Navidad”.
Por Karina Micheletto
Música en la biblioteca es un plan que puede sonar de lo más atractivo a los chicos. Si la música es en la biblioteca, y además de noche, seguramente el bichito de la intriga empezará a picar con insistencia. Si se trata de música, en la biblioteca, de noche, y con linternas, queda asegurado el ejercicio del oficio que mejor saben desplegar los de pocos años: el de exploradores. La propuesta está hecha, lanzada por Mariana Cincunegui en la biblioteca La Nube. La primera edición de estas Noches de linternas en la biblioteca, auspiciadas por Página/12, tendrán lugar hoy, y las entradas ya están agotadas. Quedan más noches de linternas por delante, cada una con una sorpresa especial. Y todas con una invitación deliciosa: “Música y cuentos para ir a dormir y soñar”.
En esta primera Noche de linternas en la biblioteca, Cincunegui estará acompañada por Nora Sarmoria en piano, voz, dirección y arreglos, Marcos Cabezaz en marimba, la Orquesta Sudamericana y los chicos del Taller Experimental de Música. A esta multitudinaria propuesta (son 35 los músicos de la orquesta y unos treinta los niños estudiantes de música) ya no se podrá acceder, pero quedan otras invitaciones: el viernes 13 de noviembre habrá “Canciones al fuego”: una peña infantil con invitados como Alina Gandini, Mariana Baggio, Magdalena Fleitas y Gustavo Libedinsky, entre otros. Y el viernes 11 de diciembre llegará “Nocturno de Navidad”, “canciones circulares y mandalas luminosos para pintar un arbolito de deseos y paquetitos”. Todas ocurrirán a partir de las 20 en La Nube (Jorge Newbery 3537), entre los estantes y el patio de la biblioteca, y las reservas se pueden hacer a través del blog de Cincunegui (www.maricincutaller.blogspot.com). En todas las fechas, por supuesto, es imprescindible la linterna (además de la que viene con la entrada, se invita a traer las propias).
La generadora de tamaña aventura nocturna es Mariana Cincunegui, música y pedagoga que no está dispuesta a dejarse frenar por detalles como la gripe A. Esa fue, dice ella (y coinciden los colegas), la marca de este año en materia de espectáculos infantiles: la gripe dejó sin lugar y sin fecha a una parte importante de éstos, sobre todo a los que no tienen una superproducción y sponsors de canales infantiles detrás. “A partir de esta crisis y de la falta de espacios donde tocar y presentar mi disco, me largué a inventar esto, que era algo posible. ¡Y después me di cuenta de que estaba haciendo algo buenísimo!”, dice Cincunegui. Su reciente disco, Alasmandalas, no tendrá una presentación en teatro o sala comercial. En cambio, Cincunegui eligió salir a compartir su música –y la que hacen sus alumnos– con otros músicos amigos.
“La idea es intervenir una biblioteca de noche: vamos de exploradores a la biblioteca”, se entusiasma –y entusiasma– Cincunegui. “Vamos con la linterna, busquemos en los estantes, con papá y mamá, leamos en un horario no habitual, sorprendámonos, y además compartamos la música.” “La primera fecha surgió de una experiencia que hicimos con los nenes de mi taller, cuando fuimos a visitar la Orquesta Sudamericana, un proyecto autogestivo de estudiantes de música de entre 18 y 20, dirigido por Sarmoria –sigue contando–. Fue muy estimulante el intercambio con los chicos y el descubrimiento de instrumentos como el violín o el contrabajo. Cuando volvimos, trabajamos sobre qué instrumento le gustaría tocar a cada uno. Todos querían tocar todo.”
En noviembre y diciembre seguirán el fogón y el arbolito. Y los cuentos que serán tesoros nocturnos por descubrir en esa biblioteca especial, halagada por Cincunegui: “La Nube es un centro de documentación de material infantil, es de gestión privada, pero todos pueden ir y llevarse libros a su casa. Y tiene las mejores colecciones de libros, revistas, discos, material extranjero, cosas que no se consiguen en ningún lado. Es una fiesta estar ahí, hay que apoyar este tipo de lugares”.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-15654-2009-10-16.html
Al hilo de la pregunta formulada por la diputada socialista Carmen Juanes sobre los objetivos de esta Biblioteca Virtual, considerada "una de las colecciones hemerográficas más importantes de Europa", Del Palacio ha respondido que la digitalización de contenidos culturales tiene un cuádruple objetivo que pasa por el "acceso de los ciudadanos a cultura, la conservación de fondos, la integración de tecnologías de la comunicación en este ámbito archivístico y la posibilidad de proporcionar contenidos culturales de calidad a la red".
Asimismo, Mercedes del Palacio ha recordado que este proyecto de digitalización lleva en funcionamiento cuatro años y que una parte importante de sus fondos se encuentra en bibliotecas públicas de titularidad estatal.
También ha recordado que hay convenios con otras instituciones con colecciones hemerográficas importantes y que toda esta labor seguirá reforzándose a lo largo de los próximos años.

Por Agencia EFE – Hace 1 día
Madrid, 7 oct (EFE).- Revertir el imaginario de una sociedad a la que durante décadas la dictadura argentina le prohibió leer es el principal reto que enfrentan las autoridades de ese país con la puesta en marcha de iniciativas como el Plan Nacional de Lectura.
Una estrategia que fue dada a conocer hoy en Madrid, en el marco de la Feria Internacional del Libro (LIBER), por su directora nacional, Margarita Eggers.
El acto, al que asistieron varias coordinadoras regionales del Plan como Graciela Bialet, Natalia Porta y Elba Rosa Amado, contó con el apoyo del secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Alvaro Marchesi.
Un respaldo que surge de la importancia, dijo Marchesi, que tiene "la lectura para el desarrollo de la persona, su aprendizaje y su felicidad".
Por ello, añadió, creemos que es posible y que merece la pena "mantener e incrementar" el esfuerzo para que "el disfrute de la lectura sea una característica de nuestros niños, jóvenes y el conjunto de la sociedad".
Y entre esos esfuerzos destacó el que llevan a cabo las autoridades argentinas en el terreno de las bibliotecas públicas escolares.
Margarita Eggers recordó que, en el año 2004, cuando el Plan Nacional de Lectura daba sus primeros pasos, el 51 por ciento de los colegios no tenía bibliotecas escolares.
Un estudio publicado recientemente pone de relieve que en la actualidad tan sólo el 5,6 por ciento de los centros carece de biblioteca o de recursos bibliotecarios, preció Eggers, quien indicó que el 75 por ciento de los libros suministrados a las bibliotecas los provee el Estado.
"Estamos marchando por el buen camino", subrayó la directora del Plan Nacional de Lectura de Argentina, que cifró en 45.000 los centros escolares de primaria y secundaria que funcionan en su país.
Natalia Porta, que trabaja en la región del Chaco (una de las provincias más pobres del país), destacó asimismo la contribución del casi medio centenar de escritores argentinos, como Mempo Giardinelli, Juan Saturaín, Ana Shua o Laura Devetach, que se han sumado a las propuestas del Plan Nacional de Lectura con visitas a los centros escolares de todo el país.
Destacó asimismo el papel de los clubes de lectura con los que se trata de "recuperar a los docentes como lectores" a fin de que contagien "su pasión" por los libros.
Y es que en opinión de Graciela Bialet hay que tener en cuenta que Argentina es una democracia muy joven que tiene detrás "demasiados años de dictadura" que ha dejado atrás generaciones de "no lectores", porque, dijo, hubo una política contra los libros.
"En mi país los libros se quemaban, se amurallaban, se prohibían", reiteró, para añadir que no es fácil "revertir este imaginario".
Aunque reconoció la juventud de la democracia argentina, "con tanto altibajos", Bialet señaló que el país está "aprendiendo a orientar las políticas públicas".
Y dentro de esas políticas, las coordinadoras del Plan Nacional de Lectura coincidieron en señalar el éxito de la lectura en voz alta que se práctica en todas las escuelas argentinas a fin de "recuperar" el derecho a leer.
Argentina participa en Liber con una nutrida representación de editoriales y con la presencia de la Cámara Argentina del Libro.
Según datos de este organismo, Argentina figura en el sector de exportación editorial en el vigésimo primer lugar (a nivel de comercio mundial en el sector), con ventas que en 2008 alcanzaron 94.347.143 dólares.
Los principales destinos de exportación son Brasil y México, seguidos de Uruguay y Chile con bastante diferencia de Venezuela, Perú y Paraguay, quedando Estados Unidos en la décima ubicación.
La XXVII edición de LIBER, la mayor feria profesional e internacional del libro español que tiene como país invitado a Rusia, fue inaugurada ayer y tendrá abiertas sus puertas hasta el próximo viernes.
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| miércoles, 07 de octubre de 2009 | |
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La versión digital de periódicos y revistas hace tiempo que integró vídeos y sonido a las crónicas. Ahora le ha llegado el turno al libro. El grupo editorial Simon and Schuster lanzó el jueves en EE UU el vook, un producto que, como indica su nombre en inglés, mezcla libro (book) y vídeo.
"No es un 'e-book' ni una película, es una mezcla de ambos", dice su inventor
"Es un género nuevo. No es un libro electrónico y tampoco es una película, es la mezcla de ambas cosas", explica en conversación telefónica Bradley J. Inman, presidente de la compañía Vook, responsable de este invento. La limitación técnica de lectores electrónicos como Kindle o Sony E Reader -que no permiten ver vídeos- parece darle la razón: el ordenador o el teléfono son los canales naturales para los vooks.
Ya no se trata sólo de lanzar un vídeo promocional de una novela en Internet, sino de aprovechar las posibilidades narrativas que ofrece la tecnología. "Las películas están insertas en el texto", explica Inman. "Uno va leyendo, cuando aparece un vídeo lo abre y éste ocupa toda la pantalla".
"Hemos querido probarlo con historias de ficción y de no ficción. En este último campo la aceptación es inmensa", dice Judith Curr, directora de Atria, el sello de Simon and Schuster que ha lanzado los primeros cuatro vooks al mercado. Su precio es de siete dólares (4,79 euros).
Promises, el nuevo título de Jude Deveraux, autora de novelas románticas, ha sido una de las apuestas. Este vook suma un total de 131 páginas de texto convencional y 17 vídeos de unos dos minutos de duración. "Si no ves los vídeos te pierdes una parte muy importante porque la trama avanza en parte gracias a ellos". A partir de las 5.000 descargas, Curr consideraría la nueva iniciativa un éxito.
Por su parte, la editorial francesa Robert Laffont, en colaboración con la compañía de telefonía móvil Orange, acaba de publicar Le sens des choses, una obra de Jacques Attali que el sello galo promociona como "el primer hiperlibro". Se trata de una recopilación de entrevistas que se complementa con códigos de barras que, activados desde un ordenador o un móvil, permiten acceder a vídeos y música.
Para José Antonio Millán, escritor y editor digital, el libro interactivo es "como Disney: lo mejor de todos los mundos juntos". Él mismo abrió una prolongación en la Red de sus libros El candidato melancólico y Perdón imposible (RBA). Este último está dedicado a la puntuación y Millán creó un exitoso concurso en Internet que consistía en puntuar un texto de un libro famoso despojado de puntos y comas. El director de la primera edición digital del diccionario de la RAE cree además que Internet es la extensión natural de ciertos libros: "Los de arquitectura. O los ensayos. Los liberas de la bibliografía, ahorras páginas y abaratas precios".
En España, todavía el material complementario se basa más en la acumulación de soportes (CD y DVD pegados a un libro o links anotados en sus páginas) que en la fusión de lenguajes. El futuro sigue lejos y el presente no siempre es fácil. Por problemas con los derechos de algunas imágenes, Agustín Fernández Mallo ha renunciado a incluir en su novela Nocilla Lab (Alfaguara) el documental que la acompañaba. Finalmente, lo colgará en su blog. El escritor considera que el libro tradicional ya es suficientemente fascinante y se pregunta "¿qué diferencia hay entre un link en un texto en papel y una nota al pie tradicional?". "Eso sí", dice, "las nuevas tecnologías inauguran una nueva forma de leer".


Buenos Aires, 14 de septiembre (Télam).- Más del 90% de los alumnos conoce al bibliotecario de su escuela, según una muestra que abarcó miles de escolares de nivel primario y secundario cuyos resultados fueron difundidos hoy.
El nivel de conocimiento del bibliotecario es superior entre los más chicos: llega al 91,6% de los 6.644 escolares de hasta séptimo grado consultados al respecto.
En cambio, de 3.344 estudiantes del nivel secundario el 96,8% dijo conocer la biblioteca, pero respecto a su responsable ese indicador baja al 88,9 por ciento.
La directora del Plan Nacional de Lectura, Margarita Eggers Lan, instó a cambiar la imagen del bibliotecario y "derribar el mito" de que es una persona "estricta, con anteojos, que le pone cerrojos a los libros".
El informe difundido hoy por el ministro de Educación, Alberto Sileoni, revela que 9 de cada 10 escuelas tiene biblioteca, de las cuales el 80,5% cuenta con un encargado.
El trabajo precisa además que 4 de cada 10 bibliotecarios accedieron a esa función en los últimos tres años y 3 llevan entre cuatro y diez años desempeñando esa tarea.
Las mayoría de las bibliotecas escolares reciben cada día hasta 60 alumnos, de los cuales el 70% concurre a consultar libros acompañado por un amigo o una amiga, señala la muestra.
(Télam) Aem-dsg

EL PROFESOR HORACIO POTEL FUE PROCESADO
Por Facundo García
El profesor Horacio Potel acaba de ser procesado por haber subido a Internet textos filosóficos que en muchos casos era imposible conseguir en librerías argentinas. La justicia penal consideró que la publicación de estas obras en bibliotecas digitales gratuitas atenta contra el orden público, y le dictó al docente un embargo de 40.000 pesos, amén de haber amenazado meses atrás con la intervención de su teléfono y el allanamiento de su domicilio.
Se espera que una apelación de la defensa abra una nueva instancia del pleito. De todas maneras, los fantasmas de una condena injusta siguen rondando. El calvario comenzó con una queja de la editorial europea Les Editions de Minuit, que posee derechos sobre una parte de la obra de Derrida. La empresa consiguió el apoyo de la embajada francesa, y la Cámara Argentina del Libro se sumó al ataque. La ecuación es simple: jacquesderrida.com.ar y heideg geriana.com.ar se habían convertido en referencias para aquellos que pretendían indagar en esos pensadores y no tenían plata. Hoy esas fuentes ya no existen. La ley ordenó darlas de baja. “Estoy bastante shockeado –se sinceró Potel en una conversación con este diario–. Las medidas tomadas demuestran que quienes deciden sobre el asunto recaen continuamente en imprecisiones y no entienden nada de tecnología. Me siento perseguido.” El acusado –que aún conserva un espacio dedicado a Nietzsche (www.nietzscheana.com.ar)– no esperaba nada de lo que está aconteciendo. Por un lado, porque no obtenía ningún beneficio económico de su actividad difusora. Y por otro, porque lo que estaba haciendo con ayuda de la web era aumentar la disponibilidad de materiales de estudio que, de otro modo, hubieran sido inaccesibles para buena parte de los hispanohablantes.
En un comunicado difundido en la tarde de ayer, el docente advirtió que “al parecer, mantener bibliotecas públicas de filosofía en Argentina es ilegal porque viola la ley 11.723”. En otro tramo de su mensaje, Potel añadía que “si las cosas se guiaran por la razón, se debería revisar esa ley de 1933, que está provocando que se criminalice a las bibliotecas públicas y a sus bibliotecarios. Eso, claro, si se sigue pensando que éstas son instituciones útiles y necesarias, como me enseñaron en la escuela primaria, donde me decían que entre las principales funciones del Estado está la difusión de la cultura, en la convicción ilustrada de que sólo el conocimiento nos hace libres”.
“Los jueces –alegó el profesor– están para hacer cumplir las leyes, no para cambiarlas, pero deben tener su criterio. En este caso, tal criterio parece ser que he cometido una falta gravísima que los autoriza a perseguirme y castigarme –entrar en el sistema judicial penal ya es de por sí un castigo– como si fuera el peor de los delincuentes, procesándome en tiempo record e imponiéndome un embargo insólito a sabiendas de que no tengo ninguna propiedad, que soy docente y que en mi último recibo de sueldo figura que gano 1350 pesos de bolsillo.” La nota transmitía indignación y sorpresa: “¿Es tan tremendo, tan inmoral para el Estado argentino la existencia de bibliotecas públicas, bibliotecas adaptadas a las nuevas tecnologías que decuplican el poder de difusión (...)? Este es un problema político que excede el marco legal y necesita de definiciones políticas. Necesitamos saber si esta criminalización de las bibliotecas es una política de Estado o solamente la interpretación del juez Pablo Raúl Ormaechea, subrogante del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº 37”.


Su nombre es Geneviève Patte. Después de trabajar por muchos años en una biblioteca en París, Francia, se dedica a recorrer países para leer con los niños pobres.
| Carlos Castillos Foto DPA |
En tiempos de masificación de Internet, la cifra puede resultar toda una sorpresa: el 70 por ciento de los chicos de entre 9 y 10 años usan las bibliotecas de sus colegios para acceder a muchos de sus contenidos favoritos, como cuentos, historietas, novelas y poesías. Así lo afirma un estudio elaborado por el Ministerio de Educación y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
Los resultados del estudio sobre "Las Bibliotecas Escolares en la Argentina" fueron presentados esta tarde, en el marco de la celebración por el Día del bibliotecario. La investigación se centró en provincias con características distintas y distantes en kilómetros: Buenos Aires, Chubut y Formosa. Participaron 600 establecimientos estatales y privados, de ámbito rural y urbano.
Entre otros resultados, el estudio arrojó que los juegos didácticos son uno de los preferidos por los alumnos de los primeros años de la primaria (32,8%). Así, la biblioteca aparece como un espacio en el que los chicos pueden jugar y pasar momentos de diversión. En tanto, tres cuartas partes de las bibliotecas escolares reciben la visita de hasta 60 alumnos diarios, y que más del 70% de alumnos primarios y secundarios asisten con un amigo.
En tanto, el sector de pertenencia no establece diferencias importantes entre los establecimientos: el 71,2% de los de gestión estatal desarrolla un plan o proyecto de lectura, mientras que la cifra llega a 65,1% en los de gestión privada.
"Sabemos que las bibliotecas escolares facilitan el acceso a la información, proporcionan competencias para el aprendizaje de los alumnos, y contribuyen a desarrollar su imaginación", señaló el ministro de Educación, Alberto Sileoni.